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I al capdavall, què?

dissabte, de febrer 17, 2007

Dos comentarios

Ya he dicho varias veces que si la negociación y el diálogo nos llevan al fin de ETA, pues bienvenidos sean. Porque, en todo caso, lo que se pueda ceder no es algo en lo que yo crea. Ahora bien, si se hace, quienes estén en ello han de tener mínimamente claro qué es lo que se quiere o hasta dónde se está dispuesto a llegar. El amigo Hobsbawm comentaba en Entrevista sobre el siglo XXI sus preocupaciones sobre la verión "blairiana" de la izquierda moderna porque Blair, más que ningún otro dirigente político, había aceptado la lógica de la investigaciones de mercado. Y el otro día, Jordi Barbeta en La Vanguardia comentaba que Blair y Zapatero vivían siempre pendientes de las encuestas y palabras repetidas como diálogo no son casuales sino causales -por la acogida o no de la opinión pública-. No es sólo la deriva socioliberal debidamente elogiada por The Economist como en su tiempo lo fue la tercera vía, sino que los parecidos entre ambos son cada vez mayores. Y, dejando a un lado todas la implicaciones generales que pueda tener este nuevo modelo desideologizado de izquierda -sólo confirmar lo que todos sabiamos, que lo del sociatismo y demás, no es izquierda sino izquierda estética-, lo que temo es hasta qué punto se está actuando así respecto a ETA. Hasta qué punto se va en una dirección u otra dependiendo de los gustos del consumidor, más teniendo en cuenta que el pepé por su parte, también intentará, como en las manifestaciones de/con la AVT y demás organizaciones afines o antizetapé, vender su producto a ese consumidor. Porque si no se tienen las cosas claras, o más bien, si no se pueden tener las cosas claras, si todo va dependiendo de cómo sople el viento, es muy difícil que el diálogo, la negociación o lo que sea salgan bien. Y entonces casi mejor no haber empezado. Quicir, el diálogo y la negociación pueden ser unos instrumentos para terminar con ETA, pero jugar al diálogo y la negociación, no. Eso sí, si se mantiene toda la apariencia puede serle útil al soe en las próximas elecciones. Pero otro caso como el de Barajas no creo que lo aguanten.



"Ya saben ustedes cuál es la situación política; de la política, por llamarla de alguna forma, institucionalizada. Se puede resumir en un chascarrillo: mi partido, que malgobierna desde hace treinta años, ha tenido ahora la revelación de que se malgobernaría mejor en compañía del Partido Revolucionario Internacional; y sobre todo si en aquella butaca -señaló la suya detrás de la mesa- viniese a sentarse el señor Amar. La visión del señor Amar que desde aquella butaca ordena disparar sobre los obreros en huelga, sobre los campesionos que piden agua, sobre los estudiantes que piden no estudiar: como mi predecesor que en paz descanse, y aún mejor; esta visión, tengo que confesarlo, también a mí me seduce." (Leonardo Sciascia, El Contexto)
Quien hace el discurso es el Ministro del Interior -lógicamente, la butaca es la de su ministerio-. Su partido es la Democracia Cristiana que gobernó largos años en Italia con apoyos tanto del PSI como, en los 70, del PCI; y que en los 90 despareció junto con otros partidos enmedio de escándalos de corruptelas y trinques. El Partido Revolucionario Internacional es un eufemismo del PCI -Amar es el líder del partido. Y, salvando las distancias cronológicas y geográficas, este fragmento de Sciascia viene bien ante la pregunta de: ¿por qué los principales partidos del Tripartit cedieron una conselleria importante como la de Interior a ICV-EU? Evidentemente, con las distancias, Saura no necesitará dispararar porque no es tiempo de estas cosas. Pero, ¿cómo no pensar en este fragmento de Sciascia cuando se encarga de desalojar okupas y reprimir a los grupúsculos antisistema? El PSC y ERC han sufrido un gran desgaste por exceso de protagonismo negativo e ICV-EU se ha beneficiado de ello. Ahora los primeros callan -Montilla porque es un robot-tecnócrata soso e inexpresivo y a Carod le habrán puesto el bozal- mientras que Saura se va llevando todos los palos de la nueva legislatura. ICV es más izquierda estética, rollo más alternativo, biopijo y con florecillas -el socio minoritario EU, cuyo principal partido es el PCC, es marxista-leninista y su líder, Miralles, realiza grandes cosas como ir a manifestaciones a favor de Castro y discutir sobre la ideología de Superman. Y con este débil andamiaje ideológico, sólo hay que dejarlos solitos. La mujer de Saura declaró sentirse más próxima a los okupas que a los propietarios, mientras su marido reparte a los okupas y el matrimonio es propietario de grandes chalets de descanso. No contenta con esto, se declara "antisistema", mientras vive del Sistema por medio de la política institucional municipal y está perfectamente metida en él. Vamos, que lo próximo es ver a socios del Barça declararse anticulés. En resumen, que el PSC y ERC calcularon bien la jugada de la conselleria de Interior y en las próximas elecciones, dudo que vuelva a haber un escape de votos hacia ICV-EU.

2 Comments:

Blogger Luis said...

Decir que los partidos políticos se mueven en gran medida en función del cálculo electoral, de lo que mayores beneficios les pueda reportar a la hora de que los ciudadanos depositen la papeleta “correcta” en la urna, no es descubrir la pólvora. Y el caso del terrorismo no es una excepción; si bien, dada la gravedad del asunto, es posible que entren en juego otras consideraciones que vengan a ponderar tal electoralismo. Pocas dudas me caben de que el PSOE no se habría mostrado tan predispuesto al diálogo si no supiera que esto podía caer bien entre determinadas porciones de la tarta electoral; de la misma manera, resulta impensable la radicalmente frontal -y, habría que añadir, tremendamente hipócrita; en algunos casos, especialmente del entorno mediático derechista, directamente mentirosa- oposición del PP a cualquier postura que difiera un ápice de lo que dicta Libertad Digital, reaccionando ante ella como si una hecatombe de proporciones bíblicas se aproximase, de no existir un mercado ansioso por comprar ese producto, o al menos dispuesto a ello.

No estoy de acuerdo contigo, en cambio, en lo que dices al principio de tu escrito. El hecho de que uno pueda no creer en determinadas cosas no significa que deba parecerle bien su cesión, si ello supone ceder al chantaje terrorista. En tal caso, como tú no crees en la unidad de España (o siquiera en el concepto de nación-estado mismo), bien podríamos ahorrarnos la negociación y directamente conceder a los etarras todo lo que piden. No. No se trata tanto de la concesión en sí como de mantener unos mínimos de dignidad a la hora de tratar con los terroristas. Uno, por ejemplo, puede estar en contra de la dispersión de presos, pero no por ello ha de concluir que lo correcto hubiera sido plegarse al chantaje etarra cuando la banda secuestró a Miguel Ángel Blanco.

En cuanto a la convicción con la que se debe afrontar el diálogo, creo que tendríamos que definir el concepto jugar a negociar. Según se ha dicho desde el PSOE (allá cada uno con la credibilidad que le quiera otorgar), los límites están muy claros: no habrá contraprestaciones políticas, y eso no es negociable. ¿Eso es jugar a dialogar? No lo veo así. Eso es dialogar sabiendo hasta dónde se puede llegar: básicamente legalización de Batasuna, acercamiento de los presos y una cierta laxitud en la aplicación de sus condenas con algunos de ellos. Y no creo que se deba ir más lejos. Por así decirlo, entiendo que sería aceptable ceder hasta un punto en el que los terroristas acordasen acabar con la violencia a cambio de una situación que les situase más allá de la situación de partida, o de la que tendrían de no haber ejercido la actividad terrorista durante todas estas décadas. Quizás podría estar de acuerdo con la mínima cesión que supondría llevar a cabo lo que sugirió Otegi: una posible incorporación al País Vasco de Navarra, previa consulta y aceptación de ésta (precisamente Josep Ramoneda reflexiona sobre este aspecto en parte del artículo publicado hoy en El País).

Por otra parte, yo nunca tuve demasiadas esperanzas en la posibilidad de un final dialogado, hasta que las circunstancias apuntaron a que así podía suceder. No obstante, pese a no confiar mucho en que el Estado estuviera en condiciones de ofrecer algo que los terroristas pudiesen aceptar, siempre pensé que la actitud de diálogo debía estar presente siempre. Siempre he pensado que a ETA no se la puede matar, ETA debe morir ella solita: su desaparición tendrá lugar cuando no le quede ningún apoyo social, cuando realmente no exista una masa social dispuesta a apoyar, justificar o minusvalorar sus atrocidades; en definitiva, atrayendo a nuestro terreno a ese sector de la población nacionalista que empieza a estar un poco harto de la situación; ése que se decantará de un lado si impera la mano dura (ética y estética), y que se puede decantar del otro si percibe que el Gobierno mantiene una posición más o menos dialogante, ante la que ETA responde con un atentado de las dimensiones del de la T4. Es un proceso a muy largo plazo, sí, pero creo que compensa hacer un poco el paripé (si por hacer el paripé se entiende sentarse a una mesa con escasa convicción, o con la convicción de que en ningún caso se puede llegar hasta donde te piden) para dejar claro que por el Gobierno, que no quede. Y si de paso resulta que ETA está en una situación tan mala que acaba por aceptar lo que estás dispuesto a ofrecer, miel sobre hojuelas.

En lo referente a tu otro comentario, sería francamente divertido que un grupo de okupas se instalara en uno de los chaletes de descanso que el matrimonio tiene vacíos la mayor parte del año.

Ah, y preguntarte sobre tu concepto de izquierda estética. En lo que te había leído hasta ahora, había entendido que izquierda estética era el PSOE por su similitud en lo esencial de sus propuestas y actuaciones con el PP. Pero ahora me dices que ICV y el rollo “biopijo con florecillas” también encaja dentro de la definición de izquierda estética. ¿Significa eso que sus principios ideológicos también son equiparables a las políticas de derechas que caracterizarían al PP y al PSOE?

4:42 p. m.  
Blogger Mitch said...

Joder, vaya dos tochos.

Como mi estilo es el contrario, voy a ser más breve: no estoy de acuerdo en que la ideología haya muerto en la política. Al contrario, creo que hay demasíada ideología.

Cuando Acebes y Zaplana sueltan sapos y culebras contra ZP no creo que lo hagan por cálculo electoral (son el tipo de cosas que sólo convencen a los ya convencidos), sino porque se lo pide el cuerpo. Del mismo modo que Ibarra suelta lo que suelta porque es lo que le sale de las tripas. Tal vez en el caso de Blanco, De la Vega, ZP, Rajoy, Gallardon y Aguirre sí que pasen algo más sus declaraciones por el filtro del cálculo electoral, pero la motivación sigue siendo ideológica.

Y eso es algo que me revienta: la ideología es una forma de creencia. Y no tengo ningún problema en que alguien crea que se curará rezando tres avemarías, o en que crea que el mercado se autorregula de puta madre, o que lo de Palestina se puede arreglar a base de buenas palabras. Allá cada uno con lo que quiera creer. Pero lo que no consiento es que arrastren al resto del mundo a base de manejar la res publica basandose en una ideologia.

Quiero que quien quiera que decida como gastar mi dinero lo haga en base a criterios de optimidad (incluso aunque definir exactamente cuales sería motivo de un largo debate), y basandose en lo que se sabe, no en lo que se cree.

Por mucho que un respponsable de la DGT crea en que San Cristobal protege a los conductores, donde se gasta el dinero es en mantenimiento de infraestructuras y campañas de concienciación. Entonces, ¿por qué no se sigue ese criterio en todos los campos?.

6:13 p. m.  

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